México

EL PROYECTO DE LA DERECHA MEXICANA.

                                                        Por José Luis Sierra V.

La derecha existe y quiere el poder…yá.-

Para desarrollar y profundizar en el proyecto de recambio que tiene la derecha mexicana el primer obstáculo que se tiene que vencer es que se acepte que este proyecto existe. Las fuerzas derechistas del país han tenido la habilidad para aparecer como meros oponentes o críticos acerbos al sistema vigente, presentándose como fuerzas aisladas o “francotiradores”, carentes de cualquier coordinación y, menos aún, portadoras de un proyecto político alternativo perfectamente integrado.

La memoria política del país es muy débil y poco incisiva. Se olvida de la tradicional fuerza del sinarquismo y se piensa que las concentraciones anuales en “El Cubilete” corresponden al folklore religioso. No existe una interpretación que recuerde e integre las campañas contra el libro de texto gratuito, en los años setentas, con las marchas de “México por la Libertad” de 1982 o las reiteradas ofensivas de Pro-Vida contra la planificación familiar.

Se toman las actuaciones de la jerarquía católica como  meras manifestaciones de celo justiciero y se deja de lado la pertinaz labor política que realizan grupos bien organizados y poderosos como el Opus Dei, los Legionarios de Cristo o la Unión Social de Empresarios Mexicanos. Se ve al PAN como un partido autónomo en sus fines y en sus medios, como una organización “clasemediera”, sin nexos con la oligarquía financiera y sin mayor relación con la estructura corporativa de la iglesia católica. Se tiene a la oligarquia financiera como un grupo amorfo y desintegrado de inversionistas, sin interés político y sin posibilidades de influir en los procesos democráticos.

Aunado a esta resistencia para reconocer la existencia de un proyecto de la derecha está el desconocimiento que se tiene de las relaciones internacionales y de la manera como operan los grupos extranjeros en nuestro país, movidos en parte por la legítima defensa de sus intereses pero, también, por el insano afán de construir un mundo a su “imagen y semejanza”. Se desprecia el interés demostrado en ciertos centros logísticos de la derecha norteamericana por todo lo que ocurre en México, como el caso de la Fundación Heritage o del Centro de Estudios Estratégicos de la Universidad de Georgetown. Pasaron ya al total olvido los “documentos de Santa Fe” o el “Pacto de Hermosillo”. Se toman de manera aislada las presiones que ejercen los Estados Unidos en materia de narcotráfico, de control a la inmigración, por la entrada de productos mexicanos, por el trato preferencial a sus inversiones, por el cumplimiento de los derechos humanos y hasta por la adecuada aplicación de nuestros procedimientos democráticos.

Lo mismo podría decirse en relación al interés demostrado ancestralmente por la llamada “internacional negra” -la democracia cristiana internacional- en los procesos políticos de México y, más específicamente, el posible papel asignado por el Vaticano a México, después del fracaso en Polonia de un régimen “socialcristiano”.

Pero los hechos tesoneros nos demuestran que la derecha mexicana no sólo cuenta con un proyecto alternativo al actual sistema político mexicano sino, todavía más, que dicho proyecto ha cobrado una fuerza inusitada en los últimos años, resultado del desgaste del sistema imperante y de la radicalización de las fuerzas derechistas, que han sabido sumar el descontento de la ciudadanía a un proyecto que le es ajeno.

Soportes y contenidos del conservadurismo; el fundamentalismo.-

La derecha mexicana, a pesar de haber sido derrotada en las tres grandes revoluciones sociales, ha podido mantener su presencia al paso del tiempo y aprovechar las contradicciones del grupo hegemónico, contribuyendo con su labor tesonera y constante al desgaste de los gobiernos en turno.

El concepto de soberanía no es afín a la derecha mexicana, nunca lo ha sido. No lo es por lo que concierne al reconocimiento del pueblo como origen y fin de la nación; tampoco en su acepción de autodeterminación nacional. Por el contrario, la derecha es elitista y antipopular por naturaleza y ha buscado el apoyo permanente de fuerzas internacionales, privadas, religiosas o estatales, especialmente en los momentos críticos de la historia nacional, cuando la derecha mexicana ha tratado de sacar ventajas coyunturales.

En la actualidad la derecha mexicana le apuesta al sistema capitalista mundial y a su propuesta neoliberal, si bien intenta contrarrestar el pragmatismo de la ética protestante con un débil y contradictorio humanismo católico, tras el cual se encubre una visión intolerante y profundamente antidemocrática, como la que ejerce la jerarquía católica en su cotidiano proceder.

Si bien la iglesia católica mexicana es un cuerpo dispar y multiforme, hay un grupo que influye en su comportamiento de manera definitiva y es, coincidentemente, el que forma parte de ese proyecto político de recambio, de perfil autoritario, fundamentalista. Este grupo ha podido disponer a su conveniencia de la estructura corporativa eclesial, la única capaz de compararse, por su amplitud y eficiencia, con la estructura del Estado mexicano. La estructura corporativa eclesial ha ido ganando predominancia conforme el corporativismo estatal perdió eficacia y empezó a ser desmantelado a resultas de la “modernización” a que se ha visto sujeto desde hace varios años.

Social y políticamente no es la iglesia católica como tal, ni son los miembros de la jerarquía los que aparecen encabezando a las fuerzas derechistas del país, sino dirigentes empresariales, analistas políticos y líderes de opinión, comentaristas de radio y televisión. El tono beligerante y los contenidos del discurso derechista varía de región a región del país, pero se ha ido conformando una red de alcance nacional y con postulados cada vez más homogéneos, más abiertos en sus críticas hacia el sistema imperante y con manifestaciones más evidentes de intolerancia y elitismo.

Inspirados por el triunfo de “Solidaridad” en Polonia, un grupo de católicos mexicanos vio la posibilidad de tomar parte activa en la disputa del poder que abría el agotamiento del sistema político vigente. El “banderazo” inicial de la ofensiva derechista fue la nacionalización bancaria, en 1982, a la que se respondió organizando las marchas “México en la Libertad”. Además de contar con el personaje caudillesco que podría emular a Lech Walesa -me refiero desde luego al dirigente empresarial Manuel J. Clouthier-, se disponía del membrete y de la cobertura del PAN para tener acceso a la lucha electoral y la posibilidad de apoyarse en la red de alianzas y compromisos que mantenía la estructura eclesial. Muerto Clouthier aparecieron como posible relevo caudillista Diego Fernández de Cevallos y Vicente Fox, que siguen pendientes, prestos a encabezar las jornadas decisivas en la toma del poder.

Sin haber una decisión tomada de manera clara y unitaria, la fracción más radical de la derecha intentó provocar una situación límite al convertir el asesinato del Cardenal Posadas Ocampo en un “asunto de Estado”, con la idea quizá de reproducir el proceso que desató la muerte del sacerdote Popeluzko en los barrios populares de Varsovia. Si bien este intento no logró el respaldo general de la derecha, sí produjo resultados favorables a su causa, como el arrollador triunfo obtenido por el PAN en las elecciones de Jalisco, en febrero de 1995, con la candidatura de un miembro prominente del DHIAC.

Los hechos acaecidos en los últimos años nos permiten pensar que el proyecto de recambio de la derecha mexicana ha contado con la simpatía del Vaticano y con el abierto apoyo de algunos grupos de la derecha mundial (vgr. democracia cristiana alemana e italiana, Partido Popular español). Más aún, el descalabro de Polonia provocó que el caso de México adquiriera prioridad en la agenda del catolicismo mundial y se cuente ahora con mayor respaldo del Vaticano para lo que parece ser la ofensiva final de toma del poder.

Los Estados Unidos y la “alternancia en el poder”.-

Por lo que respecta a los Estados Unidos, tanto en las instancias políticas como en las sedes de la “inteligencia” hace años que se viene manejando la idea del recambio en México, sobre la convicción de que el sistema actual vive su fase terminal, lo cual puede representar un peligro para la seguridad nacional norteamericana. En ese contexto, los “halcones” del Pentágono y los grupos de la derecha norteamericana han jugado un papel muy activo, en el afán de imponer la “alternancia en el poder” como vía de salida a la situación mexicana, preocupándose al mismo tiempo por hacer avanzar el proyecto de la derecha mexicana, que refleja fielmente sus exigencias y responde a sus intereses.

Sin embargo, hasta ahora el apoyo ofrecido por las distintas fuerzas norteamericanas al proyecto de recambio derechista en México ha sido fluctuante y ha obtenido resultados ambiguos. Es obvio que la derecha mexicana cuenta con el decidido respaldo de los grupos influyentes del catolicismo norteamericano, como también fueron obvias las muestras del respaldo oficial, sobre todo alrededor de 1988. Pero la inmadurez demostrada por los gobiernos de filiación panista y la aparición de rasgos y actitudes fundamentalistas hicieron surgir dudas en algunos sectores norteamericanos por el alto riesgo que representaría para su país el desarrollo de una experiencia integrista, de filiación católica, en la misma frontera sur, con grandes posibilidades de proyectarse en las regiones estadounidenses con alta presencia hispana y tradición católica.

Por otra parte, el objetivo de la “alternancia en el poder” que se promovió desde los Estados Unidos tenía como beneficario único y exclusivo al PAN, como expresión partidista de la derecha mexicana. Pero ante la persistencia del CARDENISMO y la fuerza creciente demostrada por el PRD, la “alternancia en el poder” se empieza a ver con preocupación en algunos círculos estadunidenses, ya que pudiera resultar una salida contraria a los intereses norteamericanos en México. De ahí la confusión que impera en la lectura que hacen de los acontecimientos en México los distintos sectores de la sociedad norteamericana y el comportamiento contradictorio en relación con México, de las distintas instituciones y agencias, públicas y privadas.

Recientemente y con motivo de la “certificación” conferida por el gobierno de Clinton al gobierno mexicano por su lucha contra las drogas una andanada de declaraciones y ataques puso al descubierto las posiciones de la derecha norteamericana respecto a México y a su desarrollo político. Para el Senador de Carolina del Norte, Edward Hollins, es muy evidente que el sistema político mexicano vive su fase terminal y, en ese sentido, representa un riesgo inminente para la “seguridad nacional” norteamericana. No es para nada casual que la manera como el senador Hollins descalificó al PRI coincidiera -en forma y contenido- con el “ni un minuto más de PRI” externado por Carlos Castillo Peraza el día que fue postulado candidato de su partido al Gobierno del D.F. o con el dicho de Vicente Fox Quezada de “vamos a sacar al PRI a patadas de Los Pinos”. Como se ve, no sólo hay coincidencia de objetivos, sino también de métodos…

El PAN, instrumento electoral de la derecha.-

Considero necesario destacar el hecho de que el PAN es el instrumento electoral al servicio de este proyecto de recambio, de naturaleza intolerante, autoritaria y elitista. Pero no son los dirigentes panistas las cabezas de este proyecto, ni siquiera sus promotores más importantes, como lo veremos más delante. Los principales promotores del mismo se encontrarían en la oligarquía financiera, en los centros universitarios privados y en algunas órdenes religiosas elitistas, como el Opus Dei y los Legionarios de Cristo. Si el PAN tuvo en sus orígenes a la Acción Católica y a la estructura parroquial como ejes de su proselitismo, en la actualidad esos espacios se han integrado a una red que privilegia las escuelas y universidades privadas y la proyección que les brindan los medios de comunicación masiva puestos al servicio del PAN. Y es que los planteamientos y alcances del proyecto de recambio de la derecha mexicana rebasan, con mucho, los postulados formales del PAN.

Corresponde al PAN conferirle una fachada democrática y de respeto a la ley a un proyecto que es intolerante y autoritario, plutocrático por naturaleza. Corresponde al PAN dotar de legitimación social al entramado elitista y excluyente de la derecha. El PAN, por la función electoral que desempeña, es una de las partes más visibles del proyecto de la derecha: hace las veces de una bisagra que mueve grupos sociales masivos en torno a los intereses fijos de la élite social.

A partidos políticos como el PAN les corresponde la tarea de difundir entre la población los intereses de una minoría, hacer que se identifiquen con ellos, que los hagan suyos. Por eso la clientela natural del PAN son las “clases medias urbanas”, los grupos de la sociedad que se miran reflejados en el comportamiento de la élite y que, aspirando a formar parte de ella, son fácil presa de su ideología y de su manipulación.

Eso explica que el PAN carezca de planteamientos atractivos u ofertas concretas y trascendentes para los grupos de trabajadores asalariados, para los campesinos, para los grupos indígenas o para las mujeres que, además de cumplir con las tareas del hogar, desempeñan labores remuneradas. Por el contrario, el impresionante crecimiento electoral del PAN en los últimos años se debe fundamentalmente a sus triunfos en las ciudades más grandes y desarrolladas del país. Precisamente allí, donde la movilización de las clases medias puede ayudar a ocultar la influencia plutocrática al disolver un tanto los rasgos elitistas y el contenido fundamentalista de su proyecto.

Los gobiernos que han encabezado militantes panistas, tanto a nivel estatal como a nivel municipal, son la mejor prueba de que el PAN no es el inspirador ni el principal promotor de ese modelo alternativo al sistema actual. En ningún caso, hasta ahora, los gobernantes panistas han promovido una relación distinta entre gobierno y sociedad, ni han puesto en práctica una fórmula de representación democrática distinta a la vigente. Sus aportaciones no van más allá de la eficiencia administrativa o de la honestidad personal, reproduciendo en cambio muchos de los vicios y excesos que han caracterizado al priísmo. El moralismo, la intolerancia y el autoritarismo de que han hecho gala las autoridades de extracción panista son débiles señales del  proyecto político al que sirven, un proyecto integrista, vertical, corporativo, profundamente antidemocrático y antipopular.

La fuerza electoral lograda por el PAN radica en su capacidad para proponer un gobierno “de la gente decente”. Propuesta que retoma y conjuga una serie de valores morales, de convencionalismos sociales y de pre-juicios políticos, y que, puesta en labios de candidatos “ad-hoc”, se convierte en fuerza motriz, capaz de enganchar y de arrastrar los siempre difíciles contingentes “clasemedieros”. Las “señoras de Las Lomas” son excelente ejemplo de los efectos “en cascada” que se obtienen al movilizar y politizar un pequeño grupo en la élite social.

Más allá de los objetivos meramente electorales que sintetiza el PAN, la magnitud y los alcances del proceso desatado por parte de la derecha pueden ser medianamente vislumbrados si se consideran la cantidad de iniciativas similares que se cumplen, puntualmente, desde hace varios años.

El proyecto de la derecha mexicana no tiene al PAN como única vía de promoción en el campo de la acción partidista. Además del respaldo que pueda encontrar en partidos como el PDM y en otras organizaciones cívicas y políticas afines, la derecha ha sabido capitalizar a su favor las contradicciones y divisiones de las grandes formaciones partidistas, como es el caso del PRI y del PRD. Por lo que se refiere al PRI, la derecha mexicana no sólo logró quitarle filo a su perfil popular y nacionalista sino, además, infiltrar en su seno contenidos y propuestas francamente derechistas, promoviendo incluso destacados personeros del conservadurismo como dirigentes y candidatos del partido tricolor. Este tema será tratado de nueva cuenta más adelante, cuando analicemos el debilitamiento del PRI y el avance del proyecto de la derecha.

La derecha en acción: ingobernabilidad y narcotráfico.-

Terminaré el desarrollo de este punto pasando revista a tres situaciones de la vida nacional que hablan de los avances logrados por la derecha y que dan cuenta de los contenidos y los posibles alcances de su proyecto político.

El primero tiene que ver con el clima de desestabilización social y de ingobernabilidad que se promueve en el país desde hace tiempo y que ha servido como elemento de presión para la aplicación de medidas de fuerza y para el establecimiento de “códigos morales” muy estrictos, medidas propias del proyecto autoritario de la derecha.

No es para nada casual que los triunfos electorales del PAN se hayan dado en zonas controladas por los carteles del narcotráfico (Baja California, Chihuahua y Guadalajara) y que el discurso moralista del panismo sea del todo insuficiente para combatir la delincuencia, preparando el camino para aplicar medidas más drásticas. Distintas experiencias internacionales, lo mismo en Centro y Sudamérica que en el sudeste asiático, nos hacen saber que el narcotráfico se vale de la inestabilidad política y de la ingobernabilidad para operar y que no pocas experiencias de insurgencia armada en el mundo han tenido al narcotráfico como  uno de sus baluartes. Si nos detenemos a analizar la situación de los diez países a los que Estados Unidos negó recientemente la “certificación” del combate a las drogas, nos encontraremos que todas esas naciones se encuentran inmersas en un ambiente de desestabilización social o viven francamente en la ingobernabilidad.

Y que se entienda: no se acusa al PAN de ser promotor por excelencia del narcotráfico o defensor de sus intereses. Se destaca la confluencia de dos estrategias en el propósito de la ingobernabilidad y se señalan las ventajas que confiere un ambiente de inseguridad pública al discurso autoritario o a los gobiernos “de fuerza”.

Al problema del narcotráfico y de la inseguridad pública se ha venido a sumar recientemente la insurrección armada en el sur del país, planteando un serio problema de ingobernabilidad y de presencia creciente de las fuerzas armadas en la vida nacional. Cabe hacer notar que el fenómeno guerrillero en la actualidad ha asumido un papel muy distinto al que tuviera hace treinta años, cuando la izquierda aparecía como un protagonista político -tanto a nivel nacional como internacional- y el socialismo era una propuesta viable y atractiva. Ahora, la violencia política desacredita y afecta a las fuerzas populares y nacionalistas y beneficia a la derecha. En este sentido resulta revelador que las demandas milenaristas -con toda la ambigüedad que encierran- hayan sustituido en Chiapas al lenguaje de la lucha de clases o que la dirigencia del movimiento armado haya renunciado a su papel vanguardista e insista en hacerse pasar por retaguardia del “movimiento cívico”, “ejército de la democracia” que encabezan algún obispo y un coro variopinto de promotores de los derechos humanos.

La derecha en acción: regionalismo y separatismo.-

El punto anterior está íntimamente ligado al segundo aspecto que quiero tratar, otro fenómeno que se ha venido desarrollando en el país al amparo de las fuerzas derechistas y que es el de la desintegración de la nación. En la frontera norte, justamente en las entidades donde el PAN ha logrado el control gubernamental, se ha exacerbado el regionalismo al grado de plantearse ya la posible separación territorial. En la frontera sur las tendencias separatistas  han seguido otra vía: la de los derechos indígenas y el reclamo de la autonomía para sus comunidades.

Me apresuro en establecer que no es el PAN el principal promotor de esta corriente desintegradora del país. Como en el caso del narcotráfico, el arribo del PAN al gobierno debe verse como un paso más de un proyecto que lo antecede en el tiempo y que lo rebasa en sus alcances políticos. La parte que le corresponde realizar al PAN en este proceso desintegrador tiene que ver con su incomprensión de este fenómeno, ya que no es la soberanía nacional una preocupación seria para el panismo y sí, en cambio, ha sido un decidido promotor del debilitamiento federal y de la exacerbación de los regionalismos y de los conflictos locales, como vía para hacerse del control político.

La derecha en acción: la plutocracia al poder.-

El tercer proceso es muy importante por lo que deja ver, por lo que anuncia y porque nos confirma el papel  de instrumento que ha venido jugando el PAN, subordinado a un proyecto político ajeno. Hasta ahora, el PAN se había cuidado de postular como candidatos a militantes con trayectoria, identificados con el ideario y la plataforma de su partido. Salvo algunas excepciones, los grandes capitalistas del país no aparecían como abanderados del PAN y, aunque simpatizaran con sus postulados, ellos se mantuvieron en el quehacer empresarial, dejando la política partidista y las funciones gubernativas en manos de la “clase política”. Pero de un tiempo a la fecha esta tendencia se ha trastocado y ahora son los grandes empresarios, directa y personalmente, los que aparecen como candidatos del PAN y los que buscan posiciones de poder, haciendo a un lado a los “políticos de carrera”, a sus intermediarios y personeros.

Uno de los aspectos definitorios del “neopanismo” fue la irrupción de numerosos dirigentes empresariales a las filas panistas con el claro objetivo de valerse del registro y de la imagen del PAN para obtener puestos de representación popular. Tras la crisis inicial que generó el neopanismo al interior del PAN, que tocó sortear a José Angel Conchello y a Pablo Emilio Madero en calidad de dirigentes, la ofensiva empresarial logró su cometido y echó raíces, logrando imponerse como la corriente predominante en la actualidad. En este proceso fue definitivo el papel jugado por Manuel J. Clouthier, que pasó de la dirigencia del Consejo Coordinador Empresarial a la candidatura del PAN para la Presidencia de la República, así como muchos otros dirigentes empresariales (Emilio Goicochea Luna, Rogelio Sada, Ricardo Villa Escalera, Edmundo Gurza, Eugenio Elorduy, Jorge Ocejo) que siguieron un derrotero similar. La presidencia de Luis H. Alvarez dio cobertura a este reacomodo de fuerzas y ofreció “carta de naturalización panista” a una serie de organismos ultraderechistas como DHIAC, ANCIFEM y Pro-Vida.

En la actualidad, este proceso de elitización empresarial se ha consolidado en el PAN al grado de desplazarse a viejos y connotados panistas por empresarios a la hora de escoger candidatos a los puestos de elección más relevantes. Además de Vicente Fox, que fue alto ejecutivo de la Coca Cola y que es socio de una empresa familiar de rango medio, ahora se tienen los casos de un senador, por Nuevo León, que es miembro del clan “Garza Sada”; el alcalde en Saltillo, que es hijo de Isidro López del Bosque, cabeza del poderoso Grupo Industrial Saltillo; y un candidato en Nuevo León, Fernando Canales Clariond, que es cabeza del grupo IMMSA, uno de los más importantes de ese estado. Habría que considerar entre los activos de la oligarquía financiera dentro del PAN al grupo de abogados que defienden sus intereses y que encabezan Diego Fernández de Cevallos y Fernando Gómez Mont y al que reciente y formalmente se acaba de añadir Santiago Creel.

Este fenómeno conlleva consecuencias muy graves. Estamos ante una situación en que la burguesía “reina y gobierna”. La clase dominante ya no delega el ejercicio del poder a sus subordinados, a la “clase política”, a quienes se preparan y se dedican exclusivamente al manejo de los aparatos de Estado. Ahora los Barrio Terrazas o los Cárdenas Jiménez no garantizan el cumplimiento de metas y la satisfacción de intereses de grupo. Estamos ante una manifestación clara de comportamiento y de consolidación oligárquica: un estrechísimo grupo de ciudadanos que concentran el “poder económico” y el ejercicio del “poder político”. Y esto, en cualquier parte del mundo y en cualquier época de la historia, ha sido contrario a la democracia, al pluralismo y al respeto que ésta supone.

Si cobramos un poco de distancia y tratamos de interpretar las situaciones arriba reseñadas a la luz de lo que ocurre en otras naciones, me parece que el caso italiano y el proyecto de la Liga Norte y su alianza con la oligarquía milanesa puede resultar adecuado para acercarnos al proceso que se gesta en el norte del país y que encabezan, sin lugar a dudas, los oligarcas regiomontanos. No son ajenos a este proyecto los propietarios de los periódicos “El Norte” y “Reforma”, ni los accionistas mayoritarios de T.V. Azteca y de Multivisión, empresas de comunicación que se han destacado en la siembra y difusión de la incertidumbre en el país y que han demostrado una total irresponsabilidad al tratar ciertos asuntos espinosos y trascendentes o al culpar a personajes públicos, de cuestiones graves y sin base alguna.

 

                                               Mérida, Yucatán; noviembre 2002.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

2 comentarios to “México”

RSS Feed for Duro contra la Derecha… Comments RSS Feed

esta de miedo! y la pregunta, de que manera impulsas el cambio? de que manera nos organizamos y luchamos por buscar los intereses propios del pueblo… si no podemos, si no sabemos siquiera lo que queremos… o la verdad es un estado de pepetua comodidad vivir en el estado en que vivimos… que relegamos nuestras responsabilidades a las generaciones futuras…

Que interesante y visto a la lz del año 2007 cuando ya tenemos un sexenio de panismo y a un año de otro con Felipe Calderon que comentario le merece la influencia de la Iglesia Católica y los partidos políticos en el sistema politico nacional


Where's The Comment Form?

Liked it here?
Why not try sites on the blogroll...

A %d blogueros les gusta esto: