La izquierda. (Rafael Segovia)

Posted on enero 11, 2008. Filed under: Cultura, izquierda, México, Política |

                             Rafael Segovia (Diario Reforma; 11 Ene. 08)

 

No se puede negar la división política de la sociedad mexicana desde 2006, donde ésta se manifestó en unas elecciones que no satisficieron a nadie. No creo que el señor Calderón con su 0.7 por ciento sienta haber ganado un gobierno, la capacidad para encabezar a una nación donde quienes se opusieron a él siguen contando con una mayoría que no se quiere contar pero se manifiesta en cuanto se presta la ocasión: llena el Zócalo, muestra que cuenta con cerca de un millón de seguidores, cada vez que se le pide salir a la calle. Cosa totalmente normal, por ser esta oposición de izquierda, y su oposición va más allá del simple voto, aunque no sea una izquierda revolucionaria.

 

La izquierda mexicana es una izquierda de protesta, de inconformidad, dispuesta a vivir en esta sociedad si se corrigen las desigualdades más escandalosas e hirientes. No es una izquierda partidista, no está convencida de ser salvada por el PRD ni por nadie. Vive escandalizada por una corrupción ahora cuidadosamente escondida y una distribución de la riqueza nacional que el gobierno no se atreve a tocar pese a sus promesas. Además, un sistema político puesto constantemente al día permite conservar frescos y aceitados los mecanismos del poder. No se trata, ni se intenta siquiera, de introducir una legislación más justa que la actual, sino de ponerla al día, con unas reformas, como la electoral, que corrigen defectos ancestrales. Cuando en la Cámara de Diputados se propone una reforma fiscal, se busca el acuerdo de lo que, con una simplificación brutal, llamaríamos las grandes fortunas.

 

Las fallas de la izquierda mexicana han sido monumentales, al grado que podríamos decir que han sido superiores a sus aciertos. La primera ha consistido en ser natural. Menos en el caso de Vicente Lombardo Toledano, no se encuentra una formación intelectual profunda, amplia, total. Fue, en ese sentido, un hombre de condiciones ideales, y por eso poco seguido y menos escuchado. El revolucionario era el hombre de las armas, era quien se imponía por su valor y quien así crea seguidores con el ejemplo. Un hombre de cultura que, como muchos, fue víctima de su tiempo, aunque su obra haya sido admirable.

 

Queda, de todos modos, un ejemplo y una lección, la izquierda no ha tenido en México un jefe auténtico como Jaurés, Liebnecht o Pablo Iglesias, que la hubieran llevado de la mano del marxismo que entonces se estilaba a la social-democracia que le sucedió después de la Segunda Guerra Mundial. En resumidas cuentas, en México hay grupos de izquierdas, pero no hay un partido que obedezca a un líder, que sea una auténtica competencia para el poder. Se puede alegar que la derecha tampoco tiene un partido en el sentido moderno, pero el segundo alegato es que no lo necesita, como se está viendo: tiene un hombre que cuida sus intereses y un simulacro de líder a cargo de un simulacro de partido.

 

Las divisiones de la izquierda son universales, pero las de México llegan a lo grotesco. Amparados por unos nombres de opereta buscan el poder pero no los sacrificios que éste trae consigo, los hemos visto repartirse el dinero de la Cámara y del partido e irse de viaje -siempre a lugares que recuerdan más a los “resorts” del turismo norteamericano que el trabajo.

 

Con todos sus defectos, la izquierda mexicana mantiene una unidad humana sorprendente, que sigue siendo la preocupación de la derecha. Llena, cuando lo cree necesario, la plaza principal de México, en un gesto de desafío que el Presidente debe tragarse y su partido con él. Son hechos esporádicos, demostraciones de una fuerza que no se quiere utilizar. La izquierda se mantiene lejos del poder, sobre todo del gobierno, es una prueba de que el país, la sociedad mexicana, está escindido para desesperación del gobierno que desea ante todo una unidad que hace cuanto es posible para que no se dé. Hemos contemplado estos días pasados cómo una periodista, colaboradora entre otros medios de este periódico, se ha visto obligada a abandonar un programa de radiodifusión que era un éxito comercial e informativo seguro: la derecha en general y este gobierno en particular no admiten que en el campo informativo haya una competencia de la izquierda. Bastante concesión, considera, fue la nueva ley electoral y el intento, muy medianamente logrado, de sacar el dinero de las campañas electorales. El espacio ganado por un órgano periodístico extranjero llegó con dos fuentes que faltaban en México: saber qué está ocurriendo en la América de lengua española y los avances y retrocesos de la política progresista en el mundo. A pesar de haber conseguido la prensa mexicana conquistar un espacio equilibrado y haberse contenido en una información que señala los casos de corrupción escandalosos, debe aun enfrentarse a una parte de la información en que sin pudor alguno se defienden las posturas más reaccionarias en un país donde la miseria devora a la mayoría de la población.

 

Una fuente se ha agotado. No por falta de simpatías y de público, sino por voluntad de los dueños. Sabemos que en todo el mundo las radios, las televisiones y los periódicos son propiedad privada y que los propietarios marcan la línea editorial. Pero también sabemos que en los periódicos y radiodifusoras y televisiones que tienen una voluntad de ganar público se abren espacios que no están acordes con su línea editorial. Ésos son los que con el tiempo terminan ganando.

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