Los Gobernadores, auténticos “zetas” de la política estatal.

Posted on diciembre 1, 2007. Filed under: Cultura, México, Política |

La balcanización del poder en México.

 

Los Gobernadores, auténticos “zetas” de la política estatal.

                                            José Luis Sierra V.

 

Dos cosas nos dejó en claro 2007, desde el punto de vista político: una, que la falta de legitimidad de Felipe Calderón sirvió para acelerar y profundizar el proceso de balcanización que vivía la política en México. Proceso que arrancó el año 2000, a resultas de la derrota nacional del PRI y de la fuerza cobrada por los gobernadores ante una Presidencia desorientada y encogida.

 

La segunda: la manera por demás cuestionable como Fox, el PAN y Calderón lograron el triunfo en las urnas y la actitud omisa –si no es que cómplice- de las autoridades electorales, se convirtió en “patente de corzo” para los gobernadores, que entendieron que lo importante era asegurar el triunfo de su partido y sus candidatos “haiga sido como haiga sido”.

 

Los resultados de los 14 procesos estatales electorales efectuados a lo largo del 2007 confirman que, salvo el caso de Yucatán (que respondió a la lógica de la “concertacesión”) en todos los casos, EN TODOS, el partido y la mayoría de los candidatos del Gobernador en funciones triunfaron en las urnas. En todas las elecciones locales se dio un derroche de recursos como nunca antes había sucedido; flagrante intervención de órganos y de funcionarios de Gobierno; en fin, toda clase de abusos y “mapacherías” sin que en ningún caso, en ninguno, haya intervenido en contrario alguna de las instancias de revisión jurídica (ni las locales, ni el TRIFE), para no hablar de los institutos electorales que, como el IFE, se han convertido en apéndices del Ejecutivo en turno.

 

En Oaxaca, en Puebla, en Veracruz, en Baja California, en Tamaulipas y en Michoacán, se vivieron situaciones extremas de intervencionismo estatal, de colusión con el narco, de complicidad aviesa de las autoridades electorales y de los medios de comunicación, de los escritos y de los electrónicos. Y nada pasó …

 

En los casos de Oaxaca, Yucatán, Puebla, Tamaulipas y Michoacán, la intervención flagrante de Los Pinos fue para frenar al PAN y para desinflar toda posibilidad de triunfo de sus candidatos (al mejor estilo salinista). Dudas que habían surgido durante las respectivas campañas: dudas que se convirtieron en sólidas sospechas, a la luz de los resultados; sospechas que ahora Manuel Espino se ha encargado de validar.

 

En un año se retrocedió, en todo el país, lo que se había podido avanzar en materia electoral en veinte o treinta años, con enormes dificultades. Hoy, el panorama electoral en México no es distinto al que campeaba en la época de los Gonzalos Santos, de los Sánchez Celis, de los Figueroas, de los Sansores y de los González Blanco.

 

Pero, todavía peor, “los zetas de la política” que hoy manejan al país desde sus regiones (Ulises, Eugenio Hernández, Fidel Herrera, Marín, de los Santos, Agúndez, por sólo citar a los más grotescos) no utilizan su poder sólo para avasallar la voluntad popular en las urnas. No, se han erigido en auténticos dueños de VIDAS y HACIENDAS en sus respectivos estados, sin que nada ni nadie se los impida: manejan a discreción los contratos de la obra pública y a las constructoras que los realizan; manejan la justicia a su antojo y conveniencia; pastorean la “autocensura” de los medios de comunicación que no controlan mediante el “maiceo”; disponen del Partido (trátese de PAN, del PRI o del PRD, es lo mismo), de las candidaturas, y también de los recursos y de las decisiones municipales.

 

La virtual “insurrección popular” a la que tuvo que hacer frente Felipe Calderón en Tabasco, hábilmente alimentada y capitalizada por el gobernador Granier, nos permitió vislumbrar los altísimos costos que, todavía, habrá de pagar el país por la mermada legitimidad del presidente Calderón. Nos permitió constatar, con toda crudeza, las formas clientelares que asumen los políticos locales, con tal de asegurar su influencia personal. Control de las condiciones y de las fuerzas locales que les permite negociar de mejor manera los recursos y las relaciones con la Federación. Maneras de negociar que, en muchas ocasiones, incluyen el chantaje.

 

¡¡Qué caro le está costando a Felpe Calderón y al país su “haiga sido como haiga sido”!!

 

                          Mérida, Yuc,; 1 de dic. 2007.

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