La ultra-derecha en el gobierno de Fox.

Posted on febrero 25, 2006. Filed under: El Yunque, México, PAN, Política |

                                                               Por José Luis Sierra V.

La derrota del PRI y el arribo a la Presidencia del PAN, el partido de la derecha, no fueron suficientes para echar abajo al presidencialismo autoritario, ni para desmantelar la compleja estructura corporativa, que le imponía sello y carácter al sistema mexicano y que hacía que la democracia, en México, permaneciese en hibernación.

Al no contar con un proyecto para encauzar la transición, el presidente Fox se limitó al transcurso de su régimen. Sus omisiones y desaciertos intensificaron el proceso de descomposición política en que devino el agotamiento del modelo presidencialista.

 Ahora es que se sabe que el PAN no estaba preparado para gobernar, tampoco para encabezar la transición que reclamaba la sociedad mexicana. El prolongado y desgastante devenir como fuerza opositora los llevó a niveles de excelencia como contrapeso del poder, pero les impidió alcanzar la templanza, contar con la visión de estado que exige el ejercicio del poder.

Pero si el presidente Fox y su partido no supieron encabezar los esfuerzos de renovación y cambio que demandaba la sociedad mexicana, no ocurrió lo mismo con las fuerzas y agrupamientos, de sello conservador, que los apoyaron desde la oposición y que supieron hacer valer intereses y compromisos a la hora del reparto de poder.

Setenta años de hegemonía priísta impidieron que México y los mexicanos pudieran conocer, con base en la propia experiencia nacional, qué postulados o prácticas hacen diferente a un gobierno “de izquierda” de uno “de derecha”. Con la alternancia partidaria se tuvo una primera experiencia, un curso condensado que nos deja saber cómo se desempeña y qué persigue la derecha en y desde el poder.  Y no porque el PRI fuera un partido “de izquierda” o porque estuviera distanciado de la derecha, de sus medios y de sus fines.

El relevo panista implicó la disminución o cancelación de una serie de compromisos, de prácticas, de nexos y de acciones, que conformaban una compleja red de contrapesos a los intereses del “capitalismo salvaje” o de la visión elitista, excluyente y sectaria, de la política, que caracteriza y distingue a “la ultra-derecha”.

Lo más grave y costoso para el país, es que las deficiencias o la incapacidad del PAN permitieron que otras fuerzas, que sí contaban con un proyecto político propio, pudieran concretar avances en el ambiente de incertidumbre que alimentaba la frustrada transición a la democracia. Antidemocrática por naturaleza, por convicción y por conveniencia, la ultra-derecha mejoró su posicionamiento con cada promesa incumplida o meta no alcanzada. Cada vez que se dejó de lado la ley, con cada acuerdo frustrado, con cada ataque a quien no piensa “como Fox”, con cada punto perdido por el pluralismo, los grupos y los personeros de la ultra-derecha crecían en fuerza, avanzaban en su visión FUNDAMENTALISTA[1] y en el ejercicio autocrático del poder: el poder al servicio del dinero y de los que lo acumulan.

Si en el gabinete inicial de Vicente Fox  los ultra-derechosos eran pocos y ocupaban posiciones de menor relevancia política (Abascal en la Secretaría de Trabajo, Josefina Vázquez Mota en SEDESOL, Derbez en Economía, Ramón Muñoz y Sojo en una oficina de Los Pinos, Ramón Martín Huerta, sub-Secretario de Gobernación), a la vuelta del quinto año de gobierno se habían apoderado de tantas secretarías que tenían asegurado el control del aparato gubernamental: Martín Huerta en Seguridad Pública (hasta su muerte, en 2005); Derbez en Relaciones Exteriores; Abascal, ya en Gobernación, dejando Trabajo en manos de Francisco Salazar, otro yunque; Vázquez Mota seguía en Sedesol, pero ahora con Canales en Economía y Elizondo Barragán en Energía; Sojo y Ramón Muñoz continuaban operando, omnipresentes, desde Los Pinos. A lo anterior agréguese la subordinación de Gil Díaz a los lineamientos del Banco Mundial y el Fondo Monetario y de Derbez a los intereses del Pentágono…

Con este “acomodo de fuerzas” terminó el Gobierno que se hizo llamar “Gobierno del Cambio”, un régimen abiertamente derechista, que se ocupó de reforzar diferencias y privilegios y que dejó campo libre para el posicionamiento de la ultra-derecha, la pinza operativa de los intereses empresariales –particularmente de los grandes consorcios, nacionales y extranjeros- al interior del Gobierno Federal.                                   

                                           Mérida, Yucatán; febrero del 2006.


[1] Fundamentalismo o integrismo: visión del mundo y de la sociedad en la que todo se subordina a un principio fundamental, un “orden superior” al que la humanidad está obligada a respetar, cumplir y hacer cumplir. Esta visión cosmogónica suele concretarse en propuestas religiosas o en corrientes filosóficas.

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